20 de septiembre de 2013

Dormirse en el olvido del recuerdo

¡Dormirse en el olvido del recuerdo, 
en el recuerdo del olvido, 
y que en el claustro maternal me pierdo 
y que en él desnazco perdido! 

¡Tú, mi bendito porvenir pasado, 
mañana eterno en el ayer; 
tú, todo lo que fue ya eternizado, 
mi madre, mi hija, mi mujer!

19 de septiembre de 2013

Amorosa anticipación


Ni la intimidad de tu frente clara como una fiesta 
ni la costumbre de tu cuerpo, aún misterioso y tácito y de niña, 
ni la sucesión de tu vida asumiendo palabras o silencios 
serán favor tan misterioso 
como el mirar tu sueño implicado 
en la vigilia de mis brazos. 
Virgen milagrosamente otra vez por la virtud absolutoria del sueño, 
quieta y resplandeciente como una dicha que la memoria elige, 
me darás esa orilla de tu vida que tú misma no tienes, 
Arrojado a quietud 
divisaré esa playa última de tu ser 
y te veré por vez primera, quizá, 
como Dios ha de verte, 
desbaratada la ficción del Tiempo 
sin el amor, sin mí.

18 de septiembre de 2013

A SIMONE DE BEAUVOIR - 1940

15 de febrero
Mi pequeño Castor querido, amor mío

Aún no logro explicarle lo que es un sentimiento en mi cabeza, pero lo que puedo decir es que su carita de ojos inundados en lágrimas, que veía por sobre las espaldas de los soldados de mi compartimiento, me dejó trastornado de amor. Qué bello era aquel rostro, querido Castor, no conozco nada más bello en el mundo, y me impresionó y me llenó de humildad el pensar que era tan bello por mí. Amor mío, no estoy triste en absoluto sino inmerso en una curiosa ternura, y aún ahora no puedo pensar en su rostro sin que se me haga un nudo en la garganta. No quisiera que haya estado triste, amor mío. Imagino que el liceo la habrá calmado un poco, forzosamente. Pero existió sin duda esa penosa hora de intervalo (la vi girar lentamente sobre sí misma y marcharse) y fue un peso en mi corazón imaginarla triste y yo que no podía tomarla entre mis brazos y llenarla de besos. Ahora eso quedó atrás y es irremediable. Somos no obstante una sola persona, mi pequeña flor, una sola persona. La quiero más aún, si cabe, después del permiso que antes. No le diré que es usted perfecta porque esto la pone nerviosa y es realmente la clase de cosas que se pueden decir Xavière y Pierre6 con disimulada complicidad. Pero usted es lo mejor que conozco de todas formas, todo lo que amo usted lo tiene y lo tiene al máximo. La quiero con toda el alma. No son «signos» lo que estoy escribiendo.

Los tíos estaban un poco atontados y sombríos. Y, cerca del final, uno de ellos tocó el banjo y todos cantaron. No fue en absoluto desagradable. Leí la novela policíaca (mediocre), dormí, comí, empecé Bismarck, todo ello en un estado de tierna confusión que por momentos lindaba con el remordimiento. Tenía miedo de no haber sido suficientemente bueno durante mi permiso. Amor mío, acabé encontrando una razón de remordimiento: le he dado su navajita a Tania. Verá usted, cariño, mientras estaba aquí adoraba esa navajita. Sólo que ya no cortaba nada y sobre todo ya no contaba, porque yo no estaba en la guerra, estaba en París. Pero hice mal y empiezo a echarla de menos, a echar de menos esa pierna pequeñita y ese piececito dorado. Mi adorable pequeña, está resultando muy incómodo escribirle. Aún tengo otro pequeño tema de remordimiento pero de éste le hablaré mañana. Estoy en un campamento semejante a los que le he descrito y escribo sobre mi cantimplora en medio de un ir y venir infernal. Llegué a las cuatro, son las cinco (usted está con Bien, sin duda) y vuelvo a partir esta noche a las nueve. Llegaré a la «estación de embarque» a las 4 de la madrugada y supongo que arribaré a destino a las 8.

Amor mío, la quiero con todas las fuerzas de mi corazón, quisiera tenerla aquí. Beso sus mejillitas.

Lo inacabable


No tienes tú la culpa si en tus manos 
mi amor se deshojó como una rosa: 
Vendrá la primavera y habrá flores... 
El tronco seco dará nuevas hojas. 

Las lágrimas vertidas se harán perlas 
de un collar nuevo; romperá la sombra 
un sol precioso que dará a las venas 
la savia fresca, loca y bullidora. 

Tú seguirás tu ruta; yo la mía 
y ambos, libertos, como mariposas 
perderemos el polen de las alas 
y hallaremos más polen en la flora. 

Las palabras se secan como ríos 
y los besos se secan como rosas, 
pero por cada muerte siete vidas 
buscan los labios demandando aurora. 

Mas... ¿lo que fue? ¡Jamás se recupera! 
¡Y toda primavera que se esboza 
es un cadáver más que adquiere vida 
y es un capullo más que se deshoja!

Tú que nunca serás

Sábado fue, y capricho el beso dado, 
capricho de varón, audaz y fino, 
mas fue dulce el capricho masculino 
a este mi corazón, lobezno alado. 

No es que crea, no creo, si inclinado 
sobre mis manos te sentí divino, 
y me embriagué. Comprendo que este vino 
no es para mí, mas juega y rueda el dado. 

Yo soy esa mujer que vive alerta, 
tú el tremendo varón que se despierta 
en un torrente que se ensancha en río, 

y más se encrespa mientras corre y poda. 
Ah, me resisto, más me tiene toda, 
tú, que nunca serás del todo mío.

A SIMONE DE BEAUVOIR - 1940

Primero de febrero
Mi querido Castor

Sólo unas líneas. Todo ha cambiado, parto el 3 o el 4. Pero esta vez en serio. He estado en el C.G. y mañana por la mañana paso, la visita. Por lo tanto, tiene que contar conmigo en firme para el 4 a la noche o el 5 a la noche. La cita es donde usted dice, me acuerdo muy bien de aquel pequeño café. Amor mío, qué gusto me da volver a verla. Recibirá esta carta la víspera de mi llegada, quizá ese mismo día. También tendrá un telegrama confirmándola. Pero lo mejor, si el 4 no lo ha recibido, es ir de todas formas a la cita, porque a veces tardan mucho.

Estoy contentísimo, amor mío. Ésta es mi última carta y dentro de tres días besaré su carita. La quiero.