Mi hermano podía intentar averiguar lo que me estaba ocurriendo. Obviamente no iba a decirle lo que sentía incluso si eso me ayudaba a averiguarlo. Ya me había ablandando lo suficiente en mi cabeza como para querer comenzar a exteriorizarlo.
Y aún así, no lo comprendía; esto, no comprendía el por qué de esto.
No comprendía el porqué de un momento, segundo, instante a otro tu estabas presente allí. En el único sitio que siempre me había pertenecido solamente a mi. Mi mente.
Bastaba notar que mi respiración se aceleraba más de lo que pudiese recordar jamás cada vez que estabas allí o que debiendo estarlo no lo estabas. Y es que lo cierto es que ya lo sabía todo, no comprendía, pero si lo sabía.
Todo. Absolutamente todo.
Desde el primer instante en que vi tus ojos, desde la primera vez en que sentí aquella preocupación, desde el primer momento en que odié tu arrogancia extrema. Desde todos esos primeros momentos supe que iba a odiarte por convertirme en algo que nunca había querido ser, por hacerme sentir que eso que se supone es tan maravilloso se convirtiera en un martirio absoluto, en algo que sólo me haría dudar de quien se suponía era.
Lo sabía, siempre lo he sabido, sabía el motivo pero no estaba lista para aceptarlo. No sé si lo estaré algún día, porque ese día aceptaré que me hayas convertido en alguien vulnerable por ti.
Y eso, eso simplemente no puedo aceptarlo.
23 de abril de 2014
Lo sé
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Freya Broussard,
Pink-rol II
22 de abril de 2014
Despedida en una estación del tren
A unos cuantos metros en el cielo se elevaba raudo y feroz la tela blanca; salvaje y libre como su propia esencia lo permitía; como la esencia que toda vida había ocultado bajo la apariencia delicada de un pañuelo de dama antigua. Se mezclaba con los danzares de la briza invisible, como en una coreografía de la más importante compañía de teatro, como si de pronto la gravedad ya no existiera más.
16 de abril de 2014
Anillos de ceniza
Son mis voces cantando
para que no canten ellos,
los amordazados grismente en el alba,
los vestidos de pájaro desolado en la lluvia
Hay, en la espera,
un rumor a lila rompiéndose.
Y hay, cuando viene el día,
una partición del sol en pequeños soles negros.
Y cuando es de noche, siempre,
una tribu de palabras mutiladas
busca asilo en mi garganta,
para que no canten ellos,
los funestos, los dueños del silencio.
Te lo aseguro
Te aseguro que no voy a dejarme superar. Te aseguro que este no será el inicio para recordar un año de serrar lágrimas.
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Emociones,
Reflexiones del autor
9 de abril de 2014
Los bombarderos
Nosotros somos América.
Somos los que rellenan los ataúdes.
Somos los tenderos de la muerte.
Los envolvemos como si fuesen coliflores
La bomba se abre como una caja de zapatos.
¿Y el niño?
El niño decididamente no bosteza.
¿Y la mujer?
La mujer lava su corazón.
Se lo han arrancado y se lo han quemado y como último acto lo enjuaga en el río.
Este es el mercado de la muerte.
¿Dónde están tus méritos, América?
Anne Sexton
Somos los que rellenan los ataúdes.
Somos los tenderos de la muerte.
Los envolvemos como si fuesen coliflores
La bomba se abre como una caja de zapatos.
¿Y el niño?
El niño decididamente no bosteza.
¿Y la mujer?
La mujer lava su corazón.
Se lo han arrancado y se lo han quemado y como último acto lo enjuaga en el río.
Este es el mercado de la muerte.
¿Dónde están tus méritos, América?
Anne Sexton
5 de abril de 2014
Así son las cosas
Y Antonela llega a la nefasta conclusión de que todo lo que siente y ha sentido siempre es absolutamente inexplicable. Es lamentable, pero cierto.
Jamás ha tenido el control de su vida y cree, que teme absolutamente conseguirlo.
En realidad, es sólo una verdad absoluta.
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