6 de septiembre de 2013

A SIMONE DE BEAUVOIR - 1940

23 de enero
Mi querido Castor

Hoy no ha habido carta suya. Esto se debe a un accidente de ferrocarril que costó la vida a 7 militares con permiso y dejó heridos a otros 40. Después de esto, nos alegramos prudentemente de marcharnos con permiso. Como decía el sargento: «¿Se iban de permiso o volvían?». «Volvían.» «¡Oh, caramba!» Realmente preferiría que me sucediera a la vuelta, si tuviera que sucederme. En cualquier caso, los horarios del correo se han alterado, las cartas llegan por la mañana (con veinticuatro horas de retraso en origen) y sorprende, después queda el día por delante, vacío y tonto. Por ejemplo, son las cuatro y media y le escribo para tener un pequeño contacto con usted, ya que en todo el día de hoy no leeré sus queridas patitas de mosca. Ponían un ritmo. He recibido una graciosa carta de Tania y también estás líneas, como mínimo sorprendentes, de Marianne (firmadas por André Roubaud). Sr. Sartre —Puesto de sondeo— Sector 108 (esto en el sobrescrito) y en la hoja debajo del membrete: Señor, Seria grato para nosotros contar con la posibilidad de su colaboración eventual. Tenga usted la gentileza de ponerse en contacto conmigo en los próximos días, a fin de acordar una cita. Le saluda con..., etc.

Esta carta me confirma en la opinión de que, en esta insólita guerra, a los movilizados no se los toma nada en serio. Se lo tienen merecido, además. Pero en fin, curiosa opinión tienen en la retaguardia de lo que significa estar en sector. ¿Qué he hecho hoy? Primero, anoche me acosté muy tarde (a la una) y el frío me sorprendió de golpe (esta noche ha hecho —25°, es decir, 6° o 7° en nuestros dormitorios). Estuve dos horas sin poder dormirme, y esta mañana amanecí con una llaguecita de frío en el labio, me dio pánico pensar que me vería usted con un lupus igual al que tuve al volver de Grecia. Pero esta tarde se secó. Fui a buscar el café un poco atontado pero ahora ya me siento bien y he escrito la mañana entera sobre aquella idea de totalidad y de moral sin mérito, de la que hemos hablado. Pieter y yo fuimos a almorzar al restaurante de la estación y a un militar que teníamos al lado se le ocurrió decir (sin fundamento) que nos marchábamos, y entonces Charlotte dijo, mirándome: «Así que no veré más a los guapos aviadores».

Si eso no era una ironía, ella es fácil de contentar, no se imagina usted lo roñoso que estoy con mi barba, mis patillas y la cuerdecita que sostiene mis gafas sobre la nariz. Hoy el capitán le decía a Paul: «¿Se cortará la barba para el permiso?». «Dicen», contestó Paul. Y capitán y teniente elevaron sus brazos al cielo: «Sería una verdadera lástima. Con su traje y sus gafas, el conjunto es perfecto». No tema, de todas maneras me la cortaré, mi madre me escribe que se han puesto de acuerdo para presionarme al respecto. Otra cosa, no estoy dispuesto a deambular por París toda una tarde Vestido de militar. Así que dele un telefonazo a mi madre para que deje la ropa en la portería y usted la recogerá con un taxi. O como se le antoje. Recójala unos días antes para que no se note demasiado. Recibirá un telegrama, porque el asunto se confirmará oficialmente el 30 o 31. Por su lado, envíeme la dirección del café vecino a la estación en el que me piensa esperar. Envíela en cuanto reciba esta carta, porque le llegará el 25 o el 26 y yo tendré la contestación el 29 o el 30. Si en el telegrama pongo: «Llego tal fecha convenido café X», espéreme ahí, pero si el telegrama no menciona
ningún café es que no he recibido la carta y, en tal caso, espéreme en Les Trois Mousquetaires (si está cerrado, en el Rallye). Por último, otra cosa, hay que desconfiar de los telegramas. Escribiré, pues, hasta el último día. Si no recibe ningún telegrama, guíese por lo que diga en mi última carta.

Amor mío, aquí tiene unas cartas de los más agitadas que huelen a llegada, ¿no es cierto? Me divierte tanto ir a París. Qué felices seremos los dos, mi querido, adorable Castor. La quiero.

5 de septiembre de 2013

A SIMONE DE BEAUVOIR - 1940

21 de enero
Mi querido Castor

Una pequeña catástrofe: he roto mis gafas. Por suerte, sólo la montura. Fue hace un rato, al ir a buscar el rancho. Se entra en un camaranchón caldeado y lleno de vapor donde en una gran marmita negra está la carne cociéndose. Antes de entrar meto mis gafas en el bolsillo porque si no, al pasar de —10° a +20°, del frío seco a la humedad tupida y caliente, se cubren de vaho y me quedo sin ver. Pero hoy, al cocinero se le volcó la escudilla por descuido, me agaché para recogerla, mis gafas quedaron cogidas entre la cadera y el muslo y se partieron en dos. Esta noche el buen Pieter envolvió la parte rota de la montura con la goma de un globosonda, hizo una ligadura y ando con eso en la nariz. Me raspa la piel y me lastima los ojos, pero aguantaré así hasta el jueves. El jueves iré «a la ciudad» a buscar tubos de hidrógeno, daré un rodeo por una ciudad más importante y conseguiré una montura nueva. Fue el suceso del día. Otro suceso es que no ha habido ninguna carta. El tren sufrió diez horas de retraso, en consecuencia mañana tendremos dos correos, uno por la mañana a las nueve y otro por la tarde. Todas estas noches he dormido en el «local», en un colchón, porque estaba caldeado y también por el placer de dejar a Pieter bien arrebujado en su saco de dormir y solo. A Keller le disgusta un poco, su increíble sentido de la propiedad le hace quedarse aquí, reventado de sueño, hasta medianoche, por celos de amante, para no dejar una conciencia tras él entre estas paredes. De modo que esta noche he dormido aquí, muy bien, tan es así que por la mañana oí a Paul rugiéndome desde el pasillo: eran las siete y media y me había olvidado completamente de despertarme. Me tocaba el servicio del café. Consiste en llevar las cartas al correo y en ir a buscar el café a la cocina ambulante. Las cartas las dejé a tiempo, pero me quedé sin café y tuve que correr a la panadería a comprar chocolate. Era delicioso, tenía que seguir un sendero abierto en la nieve, igual que en los deportes de invierno. Y al final el cocinero del coronel nos preparó un excelente café. Tras lo cual hice metafísica hasta el mediodía. Creo que es realmente interesante y novedoso, lo que estoy haciendo, ya no tiene nada de filosofía husserliana, ni de Heidegger ni de nada. Se parecería más bien a todas mis viejas ideas sobre la percepción y la existencia, ideas muertas antes de nacer, por falta de técnica, pero que actualmente puedo tratar con toda la técnica fenomenológica y existencialista. Estoy ávido por mostrárselo. Es curiosísimo cómo la guerra y la sensación de hallarme, a pesar de todo, un tanto «perdido», me han procurado audacia, o sea que me han permitido seguir adelante sin preocuparme en ningún momento por saber si estaba o no de acuerdo con mis ideas anteriores; ni siquiera si estaba de acuerdo conmigo mismo de un día para el otro. Es muy rentable esta manera de pensar, finalmente, igual se descubre uno acorde consigo mismo y tiene el mérito de no ser una cosa forzada. Almorcé en el local de Charlotte con Paul y Pieter. Luego volvimos aquí. Respecto de mi permiso hay unas pequeñas dificultades con el C.G., pero el capitán Munier me ha prometido, en un tono que no prestaba a la menor duda, que partiré para el 1.° de febrero y pienso que se le puede tener plena confianza. Por lo demás, las dificultades son de pura inercia: en resumen, los absurdos planes del C.G. equivaldrían a hacerme partir el 10, al mismo tiempo que Paul. Pero esto es lo que el capitán no puede aceptar, porque implicaría la ausencia simultánea de dos sondeadores sobre cuatro y ante el menor inconveniente (enfermedad de uno de los restantes o cualquier cosa similar) se correría el riesgo de suprimir por completo el servicio de sondeo. No hay, pues, otra solución que hacerme marchar antes de mi turno, para que esté de regreso el 15 de febrero y Paul pueda salir en esa fecha. No hay otra solución porque los permisos han de acabar todos el 1.° de marzo, es decir que los últimos en marcharse tienen que hacerlo el 15.

Además, el capitán tiene derecho a disponer esto porque las notas relativas a los permisos dicen expresamente que el orden se puede modificar en cualquier momento por razones de servicio —cosa que han hecho aquí como cien veces. Sólo que el C.G. se vería obligado a efectuar ligeras modificaciones en sus listas, y no se imagina usted lo que es la fuerza de inercia de una administración militar. Pero el derecho saldrá vencedor porque, por encima de todo, el capitán Munier es capitán de estado mayor y, en consecuencia, puede hacer lo que se le antoje. La informo de todo esto por escrúpulos, mi dulce pequeña, y asegurándole al mismo tiempo que el 1.° de febrero a las 5, o a lo sumo el 2, que es viernes, si salgo el 1.°, me verá llegar de militar a la Gare de l’Est. Mi dulce pequeña, qué felices seremos los dos.

Siento un poco la falta de su carta hoy. Mañana tendrían que llegarme 3. La del 17, que sigo sin recibir, la del 19, que tenía que recibir hoy, y la del 20, que normalmente tendría que llegar mañana. No sé más nada de usted.

Esta tarde trabajé en la novela y por la noche vino Mistler y le hablé de la guerra de España. Ahora ya es cosa convenida: por la noche traemos un litro de vino blanco, ellos se instalan, yo peroro y ellos me escuchan. Después pongo en la pared un cartelito que Pieter me ha preparado: «Se ruega no joderme». Les inspiro un terror atroz, como a los de Berlín. Es curioso cómo mis relaciones con los tipos (Escuela Normal —Berlín— aquí) se reproducen idénticamente a través de las diferencias de edad y de comunidades, Mistler cumpliendo el papel de Brunschvick y Paul el de Klee. Sobre éstos ejerzo actualmente el tipo de dominación que deseaba, que no es un imperialismo pero que me permite disfrutar de una paz de reyes, cosa apreciable.

Soy real y absolutamente dueño de mí mismo, como en la vida civil. He tenido suerte.

Hasta mañana, dulce pequeña. Recibirá esta carta el 23 y no nos separarán más que ocho días. Por otra parte, es probable que no nos quedemos aquí mucho tiempo más.

La quiero con todas mis fuerzas, mi pequeña flor.

4 de septiembre de 2013

Oh, Charles

"Para aquellos que creen en Dios, la mayoría de las grandes preguntas están resueltas. Para aquellos de nosotros que no aceptamos la formula divina, las grandes respuestas no permanecen escritas sobre piedra. Somos flexibles. Nos ajustamos a las nuevas condiciones y descubrimientos. Somos flexibles. Yo soy mi propio dios. Estamos aquí para olvidar las enseñanzas de la iglesia, el estado y nuestro sistema educacional. Estamos aquí para beber cerveza. Estamos aquí para acabar con la guerra. Estamos aquí para reírnos del destino y vivir nuestras vidas tan bien que la muerte tiemble al llevársenos."


3 de septiembre de 2013

A propósito de que necesito dinero

"El dinero no representa más que una nueva forma de esclavitud, la esclavitud impersonal, que ha sustituido a la antigua esclavitud personal. 

Quien tiene dinero tiene en su bolsillo a quienes no lo tienen"

A SIMONE DE BEAUVOIR - 1940

20 de enero

Mi querido Castor

Me falta una de sus cartas: la de ayer. La que recibí hoy me ha divertido mucho. Su pequeña Sorokine parece un ser encantador. Me gusta cuando siente odio al tener que marcharse y después, por la tarde, le trae un bocado para que la perdone. Por lo que a mí respecta, estoy embarcado en una metafísica. Es trabajosa y difícil pero compensa. Concuerda con la moral, naturalmente, de modo que estos cuadernos serán todo un pequeño tratado filosófico. He trabajado la tarde entera, no sin éxito, sobre el MitSein. Esta mañana en la novela, con gusto. Y después comencé Classe 22 de Glaeser en alemán. Fue todo por hoy, con tres sondeos. Pero ha sido un día agradable porque tiene un porvenir muy próximo y encantador. Dentro de diez días la veré, me pasearé con usted de lo más tranquilo. Hay que salvar aún unos pequeños escollos y luego, ahí estaremos. ¿Se pregunta por qué quiero ir al Relais de la Belle Aurore? No lo sé, amor mío. Verá usted, repaso un poco mentalmente los sitios en los que hemos estado juntos y una veces me tienta éste y otras aquél. Entonces, cuando le escribo, digo el que se me está cruzando por la cabeza. Era el barrio lo que me gustaba, y también los entremeses. Pero el Louis XIV, ah, éste es obligado, es otra cosa. Y Ducottet, por supuesto. Y quizá, ¿quién sabe?, Pierre, ¿eh? ¿Qué le parecería? Y también Lipp, para ir de todos modos a SaintGermain.

La quiero, pequeña mía; qué grato será levantarse bien temprano e irse de paseo. ¿Sabe lo que he pensado? Que si nos levantamos a las seis de la mañana podríamos ir sin mayor temor a tomar una copa al Dome. Me gustaría tanto ir con usted. Antes no le he explicado bien lo que este intento de hacer una metafísica tiene de extraño. En definitiva, lo que hacíamos hasta ahora, como pequeños y aplicados fenomenólogos, era una ontología. Buscábamos las esencias de la conciencia con Husserl o el ser de los existentes con Heidegger. Pero la metafísica es una «óntica». Ahora ponemos las manos en la masa, ya no consideramos las esencias (lo que engendra una eidétida —ciencias de los posibles— o una ontología), sino directamente las existencias concretas y dadas, y nos preguntamos por qué son así las cosas. Así procedían, en suma, los filósofos griegos —hay un sol, ¿por qué hay un sol? En lugar de: «Cuál es la esencia de todos los soles posibles, la esencia solar», o bien: «¿Qué es el sersol?». Es más bárbaro pero más divertido. Aron no podría menos que aprobarme, pues siempre me animó a que hiciera metafísica. Esto es todo por hoy, pequeña mía, T. me envía unas cartas delirantes (siendo ella) de amor. Esta curiosa criaturita, por miedo a ponerse un poco triste, se atranca y se olvida de uno mientras no existe la posibilidad de verlo y, si surge la ocasión, bruscamente se acuerda de que uno le importa. Siento simpatía por ella en este momento, creo que cuando la vea me mostraré muy amable y sin esfuerzo. Es una buena chica, un tanto embustera, un tanto puta pero con clase. A su manera. Le queda todo más corto y redondo que a su hermana pero a la postre percibe su situación en el mundo, oscuramente pero con intensidad.

Querido amor mío, cuánto la quiero y qué ganas tengo de verla. Somos una sola persona, pequeño encantatodo.

2 de septiembre de 2013

De qué se ríe

(Seré curioso)

En una exacta/ foto del diario/ señor ministro /del imposible

vi en pleno gozo/ y en plena euforia/ y en plena risa/ su rostro simple

seré curioso/ señor ministro/ de qué se ríe/ de qué se ríe

de su ventana/ se ve la playa/ pero se ignoran/ los cantegriles

tienen sus hijos/ ojos de mando/ pero otros tienen/ mirada triste

aquí en la calle/ suceden cosas/ que ni siquiera/ pueden decirse

los estudiantes/ y los obreros/ ponen los puntos/ sobre las íes

por eso digo/ señor ministro/ de qué se ríe/ de qué se ríe

usté conoce/ mejor que nadie/ la ley amarga/ de estos países

ustedes duros/ con nuestra gente/ por qué con otros/ son tan serviles

cómo traicionan/ el patrimonio/ mientras el gringo/ nos cobra el triple

cómo traicionan/ usté y los otros/ los adulones/ y los seniles

por eso digo/ señor ministro/ de qué se ríe/ de qué se ríe

aquí en la calle/ sus guardias matan/ y los que mueren/ son gente humilde

y los que quedan/ llorando de rabia/ seguro piensan/ en el desquite

allá en la celda/ sus hombres hacen/ sufrir al hombre/ y eso no sirve

después de todo/ usté es el palo/ mayor de un barco/ que se va a pique

seré curioso/ señor ministro/ de qué se ríe/ de qué se ríe.