26 de febrero de 2008

Capitalismo

Vivimos insertados en un sistema por el cual, en pos de obtener la tranquilidad y el bienestar material, nos cerramos y endurecemos. Se nos marchita el alma, aprendemos a montarnos tras duras corazas para evitar sufrir, rutinizamos nuestra vida en trabajos alienantes que no nos dejan nada trascendente más que algo de dinero, entablamos relaciones interpersonales regidas por un criterio mercantilista y nos intoxicamos con y gracias a ellas. 

Nacemos involucrados dentro de una estructura social ya montada, cuyo eje es un sistema de objetos que nos rodea, nos seduce y nos atrapa con sus bondades completamente perecederas e intrascendentes. 

Es harto angustiante caer en cuenta de que nuestra única, irrepetible y finita existencia está siendo dirigida hacia metas tan efímeras y de gratificación tan pasajera como vivir con tranquilidad y confort. 

¿Para qué sirve que el hombre tenga actualmente una expectativa de vida mucho mayor a la que jamás haya accedido si su paso por este mundo está determinado por la intrascendencia consumista? 

El anhelo por llevar una vida sin sobresaltos en una bonita casa con un bonito jardín es la recompensa justa con que esta organización social, política y económica llamada capitalismo nos premia por comportarnos como peones tan obedientes y disciplinados. 

Cada mañana de cada día, un ejército de trabajadores salen al ruedo para poner en funcionamiento una enorme y anónima maquinaria que pareciera no tener una cabeza visible que la dirija...Es patético.

25 de febrero de 2008

Voluntad


Y la brisa cálida se volvió de repente en viento aterrador, frío y fuerte en su contra, impidiéndole el paso; que devastador, me entristece. 

Y pensar que todo depende de él pero no es sencillo como todos lo creen. 

Se está muriendo por dentro y nadie lo ve. 

Lágrimas deseosas, adiós a esa sonrisa. Bienvenido temor, llanto, dolor, angustia. 

Al menos sabemos que poco durará. Mañana él no te recordará, pues mañana volverá a conocerte.

24 de febrero de 2008

Ese Día

La realidad se torna absurda y la demencia inunda nuestras mente, reímos sin razón y lloramos por cualquier estupidez; todo indica que se acerca el fin. Algo como eso, dentro de cada realidad. 

Somos capaces de reconocer distintas circunstancias de la vida y "adaptarnos" sin tantos reproches y aun así estamos vacíos, faltos de ese algo que llene nuestro cuerpo un incentivo para seguir razonando por algo que no sabemos si nos conviene o no. 

No estamos ciegos, podemos hablar, expresar antes de morir en nuestras respectivas cruces, es el momento de reflexionar ¿vale la penas seguir adelante por la felicidad prometida? y si supieras que tu camino en la tierra solo durara hasta dentro de 3 años ¿seguirías con tu proyecto de vida para formarte y vivir del dinero tan necesario que pide el sistema? o simplemente disfrutarías hasta dormirte.

 Que asco de vida seria aquella.

23 de febrero de 2008

Más que palabras

Alegrías invaden mi rostro, se que son como la falsa modestia pero me hacen feliz, aunque sea por un instante. Me llenas, me alegras, me ilusionas de cierta manera estúpida. Cuando reflexiono todo cambia drásticamente; siento que soy una niña que no ha madurado lo suficiente para darse cuenta que todo es un juego, me gustaría tenerte en frente y obligarte que me digas a la cara todo lo que me dices con tus frases bonitas, que me matan poco a poco. 

Esa falsa ilusión que nace en mi, como desearía que todo lo que dices se cumpla, antes que pierda las esperanzas de este sueño, antes que despierte de esta fe que me recorre el cuerpo. 

Quisiera sin más palabras un adiós definitivo o un saludo eterno, que las conversaciones no se acabaran, pero el tiempo es ilimitado y debemos marcharnos para comenzar el ciclo nuevamente. Extraño tus palabras, me haces falta.

21 de diciembre de 2007

Felicidad: Tan simple como mirar al cielo


Eran las nueve de la mañana. Después de prender la cocina gastando el último fósforo de la caja y tostar la mitad de marraqueta que había dejado la mañana anterior, abrió el refrigerador para beber un vaso de leche de la caja que le había regalado la abuela que vive en el cuarto de al lado. Tomó el diario, lo ojeo por unos minutos y lo dejó sobre la mesa; todo indicaba que seria un día como cualquiera. Lavó sus dientes, se miró unos segundos al espejo y sacó a pasear a Suerte, la única compañía que había tenido durante cinco años.
 Lo había encontrado una noche de martes trece; ese día había terminado con su novia después de varios años de noviazgo; había perdido su empleo; su hermana, de catorce primaveras, había quedado embarazada de un muchacho menos maduro que ella; había, por si fuera poco, reprobado un ramo en la universidad; también se le había acabado la beca que le permitía, en gran medida, pagar sus estudios y había muerto su hámster por los cuarenta grados de calor que habían azotado a Santiago esa tarde. Sin duda alguna se había resignado a pasar los peores días del resto de su vida, sentado allí en una banca del parque forestal, sin nadie que le escuchara; sin recordar que tenía un montón de deudas y que se le agotaban los cigarrillos. Justo en ese momento, fue cuando apareció Suerte. Era un nombre bastante irónico para su devastador día, pensó en aquella ocasión, pero fue por esa razón por la que decidió otorgárselo. Desde entonces había estado allí acompañándolo literalmente como un perro fiel.

Caminaron por la avenida, para llegar a una plaza escondida entre las casas copevas. Un extraño instinto le dijo que llevara el viejo paraguas a la caminata matutina, algo le decía que llovería, "el aire" pensó, y entonces a penas a la primera cuadra, los ángeles lloraban desde el cielo. Nunca antes, cuando lo tenía todo para conseguir el éxito, habría imaginado una vida tan deprimente. Trabajaba como panelista de un diario, respondiendo a los problemas de los lectores de forma anónima; quejándose, internamente de su situación y odiando a todos los que debía darles un consejo. Ganaba un sueldo miserable, el que gastaba en el arriendo, comida y cigarrillos. No podía aspirar a más el representante del “Doctor Corazón”

 Ese día miró al cielo, mientras Suerte marcaba territorio en un basurero. Miró y miró, y se percató de que jamás había sido tan feliz como en ese momento. Al fin había conseguido burlarse de sí mismo, sobre su propia miseria, sin importarle nada más que su viejo paraguas y su fiel compañero que lo seguía observando tal y como hacía diez años atrás.


5 de septiembre de 2007

Desvanecerse

Lo mejor sería terminar con todo y tú me dices que entonces no soy nada ¿Para qué pensarlo? ¿Sería acaso no más que una fantasía?

Me digo en cierto momento que basta de caricias falsas, basta de lágrimas de plástico, basta de sentimientos contradictorios, basta de mentiras de verdad y entonces sólo queda desvanecerse.

Terminar con todo, no pensar en nada más, es simplemente susurrar una palabra "adiós" y entonces te das cuenta que todo es una cruel realidad.

Me haces comprender que jamas fue cruel, son tan sólo imágenes mal interpretadas; mis palabras son contradictorias y ya no sé en que pensar, todo me resulta falso y sólo puedo desvanecerme ¿Es necesario comenzar a pensarlo?